La decepción

¿Qué ocurre cuando existe una distancia importante entre tus expectativas y la realidad?

De entre todo el catálogo de emociones que ponemos en juego a lo largo de la vida, la decepción es una de las más intensas, que más moviliza, de las que más recursos emplea y también es de las más desagradables que experimentamos.

Cuando no coinciden nuestras expectativas y pensamientos con los que está ocurriendo en realidad, es muy probable que haga acto de presencia, sin llamarlo, el sentimiento de decepción.

Puede que sean expectativas lógicas, que provengan de  experiencias y aprendizajes anteriores. También puede que sean demasiado altas, basadas en esquemas rígidos que no tienen por qué coincidir con la realidad actual. Puede que no hayamos tenido en cuenta que no siempre los demás actúan como nos gustaría. Es importante comprender que no es fácil entender las reacciones de otra persona.

Un concepto muy relacionado con la decepción es el de «disonancia cognitiva¨, de Leon Festinger. Consiste en un conflicto interno que genera malestar intenso que nace de mantener creencias contradictorias o comportamientos incoherentes con las actitudes propias. La decepción genera un conflicto interno, una contradicción que se intenta resolver con justificaciones y autoengaños, buscando la coherencia entre lo que esperamos que ocurra y lo que ocurre en realidad.

Para lidiar con el malestar que produce la disonancia cognitiva se suele cambiar la percepción de la realidad, se racionaliza la situación o se le quita importancia a la expectativa que teníamos en el origen de la decepción sentida. Como mecanismo de defensa, ante la disonancia cognitiva, se puede llegar a recurrir al autoengaño.

Sin embargo, sentirse decepcionado también es una oportunidad para conocerse mejor, conocer mejor cómo son tus relaciones y para crecer en aquellos aspectos en los que se puede avanzar en el viaje de la vida.

Una forma de afrontar este tipo de situaciones es preguntarse por qué esta persona ha actuado como ha actuado. Puede haber muchas razones: ansiedad, estrés, cansancio, etc. Poner en juego la empatía, poniéndose en el lugar del otro ayuda a entenderlo, entender la situación y manejarla de forma más sana.

Es buena idea evitar los «debería», esto es, las ideas rígidas sobre cómo debería actuar la otra persona. Todos somos diferentes. Si has pensado que el otro «debería» darse cuenta de cómo te sientes y que tendría que evitarlo, quizás sea mejor idea decirle como te sientes.

Por otro lado, está bien ver la relación en su conjunto, no centrarse en aquello que no cumple con nuestro ideal, sino abrir la visión a los aspectos positivos.

En cualquier caso, ante una decepción se puede aprender y poner en marcha recursos que nos sirvan en el futuro y afrontarla en la actualidad de forma sana, considerando tus expectativas, ¿son justas y razonables?, redirigiendo tus pensamientos, sin recrearse en en lo decepcionante porque no ayuda, poniéndose en el lugar del otro, siendo empático. Pregúntate qué le ha llevado a actuar como lo ha hecho.

Y con comunicación

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