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Gotas

No voy a hablar de problemas de dependencia, de ansiedad o de depresión, en principio, hoy me gustaría hablar de la lluvia. Parece que con el otoño han llegado las primeras lluvias, y con ellas el olor acogedor del humus (palabra que viene del latín humus y de la que deriva la palabra humano. Por cierto, el titán griego Prometeo moldeó al primer humano a partir del barro, ¿os suena?).

De la lluvia me gusta todo, hasta sus andares. Hoy estaba pensando en algo que para mí va unido a la lluvia, cuando está presente y cuando no lo está: el control, es decir, la falta de control que tengo sobre ella. La lluvia siempre está presente, cuando no llueve, porque no llueve y cuando llueve, porque llueve. Puede ser suave, torrencial, orbayu, intensa, calabobos, tempestuosa o con arco iris.

Puede estar anunciada y, sin embargo, siempre fuera de nuestro control. Por muy mal que cantemos, no va a llover, o por mucho que supliquemos no va a dejar de hacerlo y nunca lo hará a gusto de todos. La lluvia es vida y casi nada en la vida podemos controlar, por mucho que nos empeñemos.

Quizás queramos controlar los acontecimientos de la vida, o por lo menos en ciertas ocasiones, sin embargo, la gran mayoría de ellos no dependen de nosotros y no podemos hacerlo. Darse cuenta de esto es una puerta de entrada a solucionar numerosos malestares. Ansiedad y necesidad de control van de la mano en muchas ocasiones. Bueno, dije que no iba a hablar de ansiedad, así que lo dejaré para otro día.

Ya va oscureciendo más temprano y también va saliendo el sol más tarde, lo que hace que sea un buen momento para disfrutar de unos amaneceres maravillosos.

Me parece fascinante sentir que lo que ocurre en la naturaleza tiene una respuesta en nosotros, en nuestro cuerpo, emociones, pensamientos, etc., influye… y mucho. En algunas personas, la estación del año en la que estemos les afecta en gran medida. De hecho, cuando se clasifican los trastornos del estado de ánimo, se contempla el trastorno de depresión mayor con patrón estacional, en el que hay una relación regular entre el inicio de los episodios de depresión y un momento del año particular, por ejemplo, el otoño. Pero no iba a hablar de depresión tampoco.

Este día de otoño me ha servido para pararme a pensar en que hay momentos en los que lo más sano es aceptar los acontecimientos de la vida, sin querer controlarlos, con aceptación consciente, deliberada, responsable y sin luchar contra ellos, que al fin y al cabo puede ser una forma de pelearnos con nosotros mismos. Como a la lluvia, ¿para qué controlarlos?

Me quedo disfrutando este día maravilloso que huele a tierra mojada.

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